Un diario de El Paso publicó ayer tener la solución para terminar con la narcoguerra en nuestro país. Un tanto ingenuo, el agente norteamericano Richard Newton propuso esta idea durante una conferencia en UTEP. Legalizar las drogas, ésa sería la respuesta.
Después de 22 años de experiencia, el conferencista piensa que si el Presidente Felipe Calderón le pide a Barack Obama legalizarlas, se acabará el problema. Nada más falta que el mandatario de EU le haga caso de inmediato a nuestro presidente.
El planteamiento suena un poco infantil. Tal vez la forma de decirlo proyecte una idea absurda, en principio, por la imposibilidad de que una decisión de esa naturaleza y calibre se adopte así. Sin embargo, el fondo de la propuesta es digna de analizarse como una salida viable a la incontrolada violencia.
En Estados Unidos se arrestan cada año 1.9 millones de personas relacionadas con las drogas y se gastan 70 billones de dólares en el combate a éstas. Estas razones fueron esgrimidas por el conferencista para visualizar el ahorro que se generaría en los estados unidos si las drogas se legalizaran.
En México, simple y sencillamente, se terminaría la violencia. No había objeto de disputa y, el móvil de las ejecuciones y de las guerras entre los cárteles, se extinguiría como por arte de magia. A cambio, el gobierno tendría que atender a los millones de adictos.
El tema es digno de ser analizado. No conozco, hasta ahora, un camino lógico, coherente y razonable para acabar con la violencia y el narcogobierno que existe en nuestro país. No hay propuestas que suenen adecuadas para resolver un problema de esta magnitud.
Habría qué considerar. La escalada de crímenes no parece tener fin ni salida. Los científicos, los sociólogos y los médicos, coinciden en que la legalización de las drogas, como la mariguana, la cocaína y la heroína, puede poner fin a la narcoguerra. Faltan los políticos, el hueso más duro de roer. Y lo digo desde aquí, porque éste es mi pódium.
Reportero: Redaccion