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Fecha: 09 de Febrero del 2010
Hora: 15:09:00
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Domínguez Palencia Centenario
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Por Omar Venegas Quintana
Belisario Domínguez Palencia; notable médico chiapaneco es el caso típico del “héroe civil”, al decir de Andrés Serra Rojas, en nuestra historia. Con motivo de un discurso pronunciado en la tribuna de la Cámara, fue asesinado el 7 de octubre de 1913.
PRIMER DISCURSO: En el Senado de la República se abre la sesión del 23 de septiembre de 1913. El doctor Domínguez pide hacer uso de la palabra; pero no se le concede; luego entrega su discurso en varias hojas de papel. Al no publicarse lo hace el mismo senador chiapaneco.
SEÑOR PRESIDENTE DEL SENADO: Por tratarse de un asunto urgentísimo para la salud de la Patria; me veo obligado a prescindir de las fórmulas acostumbradas y a suplicar a usted se sirva dar principio a esta Sesión; tomando conocimiento de este pliego y dándolo a conocer en seguida a los Señores Senadores. Insisto señor presidente en que este asunto debe ser conocido por el Senado en este mismo momento; porque dentro de pocas horas lo conocerá el pueblo y urge que el Senado lo conozca antes de que nadie.
Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta ante el Congreso de la Unión el 16 del presente.
Indudablemente señores Senadores que, lo mismo que a mí; os ha llenado de indignación; el cúmulo de falsedades que encierra este documento. ¿A quién se pretende engañar; señores? ¿Al Congreso de la Unión? No, señores todos sus miembros son hombres ilustrados que se ocupan de política, que están al corriente de los sucesos del país y no pueden ser engañados sobre el particular. Se pretende engañar a la Nación Mexicana; a esta noble Patria que confiando en vuestra honradez y en vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.
¿Qué debe hacer en este caso la Representación Nacional? Corresponder a la confianza con que la Patria la ha honrado, decirle la verdad y no dejarla caer en el abismo que se abre a sus pies.
La verdad es ésta: durante el gobierno de don Victoriano Huerta, no solamente no se ha hecho nada en bien de la pacificación del país; sino que la situación actual de la República es infinitamente peor que antes; la Revolución se ha extendido en casi todos los Estados; muchas naciones; antes buenas amigas de México, rehusándose a reconocer su gobierno, por ilegal; nuestra moneda encuéntrase despreciada en el extranjero; nuestro crédito en agonía; la prensa entera de la República amordazada o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la verdad; nuestros campos abandonados, muchos pueblos arrasados y, por último el hambre y la miseria en todas sus formas, amenazan extenderse rápidamente en toda la superficie de nuestra infortunada patria.
¿A que se debe tan triste situación?
Primero y antes que todo, a que el pueblo no puede resignarse a tener por Presidente de la República a Victoriano Huerta, al soldado que se apoderó del poder, por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la Presidencia fue asesinar cobardemente al Presidente y Vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular; habiendo sido el primero de éstos quien colmó de ascensos; honores y distinciones a don Victoriano Huerta y habiendo sido él, igualmente, a quien don Victoriano Huerta juró públicamente lealtad y fidelidad inquebrantables.
Y segundo se debe esta triste situación a los medios que don Victoriano Huerta se ha propuesto emplear para conseguir la pacificación. Esos medios ya sabéis cuáles han sido; exterminio para todos los hombres, familias y pueblos que no simpaticen con su gobierno.
La paz se hará “cueste lo que cueste” ha dicho don Victoriano Huerta. ¿Habéis profundizado, señores Senadores lo que significan estas palabras en el criterio egoísta y feroz de don Victoriano Huerta? Estas palabras significan que don Victoriano Huerta está dispuesto a derramar toda la sangre mexicana, a cubrir de cadáveres todo el territorio nacional, a convertirse en una inmensa ruina toda la extensión de nuestra patria, con tal que él no abandone la Presidencia, ni derrame una sola gota de su sangre.
En su loco afán de conservar la Presidencia, don Victoriano Huerta está cometiendo otra infamia; está provocando con el pueblo de los Estados Unidos de América un conflicto internacional; en que si llegase a resolverse por las armas irían estoicamente a dar la vida y a encontrar la muerte todos los mexicanos sobrevivientes a las matanzas de don Victoriano Huerta, todos menos don Victoriano Huerta, ni don Aureliano Blanquet, porque esos desgraciados, están manchados por el estigma de la traición y el pueblo y el ejército los repudiarían, llegando el caso.
Esa es en resumen la triste realidad. Para los espíritus débiles parece que nuestra ruina es inevitable; porque don Victoriano Huerta se ha adueñado tanto del poder que, para asegurar el triunfo de su candidatura a la Presidencia de la República; en la parodia de elecciones anunciadas para el 26 de octubre próximo, no ha vacilado en violar la soberanía de la mayor parte de los Estados; quitando a los gobernadores militares que se encargarán de burlar a los pueblos por medio de farsas ridículas y criminales.
Sin embargo señores; un supremo esfuerzo puede salvarlo todo. Cumpla con su deber la Representación Nacional y la patria estará salvada y volverá a florecer más grande, más unida y más hermosa que nunca.
La Representación Nacional debe deponer de la Presidencia de la República a don Victoriano Huerta por ser él contra quien protestan; con mucha razón; todos nuestros hermanos alzados en armas y por consiguiente, por ser él quien menos pueda llevar a efecto la pacificación, supremo anhelo de todos los mexicanos.
Me diréis, señores, que la tentativa es peligrosa porque don Victoriano Huerta es un soldado sanguinario y feroz, que asesina sin vacilación, ni escrúpulo a todo aquél que le sirve de obstáculo. ¡No importa, señores! La patria os exige que cumpláis con vuestro deber, aun con el peligro y aun con la seguridad de perder la existencia. Si en vuestra ansiedad de volver a ver a reinar la paz en la República, os habéis equivocado habéis creído en las palabras falaces de un hombre, que os ofreció pacificar a la Nación en dos meses y le habéis nombrado Presidente de la República; hoy que véis que es un impostor inepto y malvado, que lleva a la patria, con toda velocidad a la ruina, ¿dejaréis, por temor a la muerte, que continúe en el poder?
Penetrad en vosotros mismos; señores y resolved esta pregunta. ¿Qué se diría de la tripulación de un gran navío que en la más violenta tempestad y en un mar proceloso, nombrara piloto a un carnicero que, sin ningún conocimiento náutico, navegara por primera vez y no tuviera más recomendación que la de haber traicionado y asesinado al capitán del barco?
Vuestro deber es imprescindible, señores y la patria espera de vosotros que sabréis cumplirlo.
Cumpliendo ese deber, será fácil a la Representación Nacional cumplir los otros que de él se derivan, solicitándose en seguida de todos los jefes revolucionarios que cesen toda hostilidad y nombren sus delegados para que, de común acuerdo, elijan al Presidente que deba convocar a elecciones presidenciales y cuidar que éstas se efectúen con toda legalidad.
El mundo está pendiente de vosotros, señores miembros del Congreso Nacional Mexicano, y la patria espera que la honréis ante el mundo, evitándole la vergüenza de tener por Primer Mandatario a un traidor asesino. Dr. Belisario Domínguez (Senador por el Estado de Chiapas).
ANTOLOGÌA DE LA ELOCUENCIA MEXICANA (1900/1991); ANDRÉS SERRA ROJAS; DÉCIMA EDICIÓN; EDITORIAL PORRÚA, S.A.; MÉXICO; 1991.
Reportero: Redacción A
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