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   Chihuahua, Chih. México   Miércoles 21 de Abril de 2010



Fecha: 04 de Marzo del 2010

Hora: 15:47:00

Libre competencia y competitividad 


 

Por Aquiles Córdova Morán

Por lo que se puede colegir de los medios informativos, parece que hay acuerdo entre los grupos de poder en que los problemas de nuestra economía y sus graves repercusiones sociales (como la gran pobreza que se abate sobre millones de mexicanos), sólo admiten una solución posible: el cambio del actual modelo económico. Y no es de menor relevancia el que, con esta conclusión, estén de acuerdo quienes han o hemos sido víctimas del modelo “agotado”, pues ello prueba que, en su formulación más general, el diagnóstico es esencialmente correcto. Sin embargo, la pregunta clave es: ¿estamos también de acuerdo en el modelo que debe sustituir al actual? A poco que rasque quien quiera hacerlo, se dará cuenta de que no es así; que, a diferencia de lo que ocurre con la respuesta general, aquí cada quien tiene en mente un modelo diferente, acorde con sus intereses personales o de grupo, sea éste político o económico.

En efecto, los estratos superiores de la pirámide social quieren un esquema que, en sus grandes líneas y propósitos, difiera poco del actual; propugnan el mismo modelo neoliberal pero totalmente libre de los escasos restos que aún le quedan de “intervencionismo” estatal, tanto en el terreno de las inversiones como en materia de justicia social. Exigen que el gobierno deje al libre mercado cosas que hoy todavía no son una mercancía (al menos en parte), por ejemplo, la medicina, la educación, la vivienda, el agua, la basura, las comunicaciones terrestres, aéreas y electrónicas, el petróleo, el gas, etc., etc. También piden una legislación que dé “mejores condiciones” a la empresa privada, tales como precios especiales en los insumos que aún ofrece el gobierno (agua, electricidad, gas, petróleo); que se sigan construyendo “parques industriales” gratuitos; que “se hagan más atractivas” las políticas fiscales blandas para “no ahuyentar a los inversionistas”, sobre todo extranjeros, etc., etc.

Todo esto y más, que sería largo enumerar, se justifica dando por hecho que el nuevo modelo debe perseguir, como el actual, el crecimiento de la inversión sin importar su origen, y la elevación “sustancial” de la productividad, es decir, de la capacidad de las empresas para producir más y mejores satisfactores en la misma unidad de tiempo, sin elevar sus costos de producción, es decir, sin elevar los precios de sus mercancías, sino, por el contrario, bajándolos lo más que se pueda para ser “competitivos” en el mercado mundial. Se piensa, pues, en el mismo modelo exportador para provecho de los grandes inversionistas, y por eso son piezas claves del mismo “una verdadera reforma fiscal” y una “verdadera reforma laboral”, es decir, menor carga impositiva para las empresas y eliminación de todo derecho laboral en favor de los asalariados. Según esta visión del problema, la única manera de elevar la productividad y la competitividad, tal como lo reclama la política exportadora, es a costa de los ingresos del gobierno y de los niveles de vida de las familias obreras.

Obviamente, las víctimas sacrificiales no piensan lo mismo. Para ellas, antes de pensar en exportar deberíamos satisfacer, primero, las necesidades de las grandes mayorías nacionales que son, además, las productoras directas de la riqueza. Contra esto, he oído y leído que se trata de un anacronismo aberrante, puesto que en el mundo de hoy ya no hay lugar para “nacionalismos trasnochados” ni para el desprestigiado “proteccionismo” económico. El “gran beneficio” del libre comercio, se dice, lo que lo vuelve indispensable para países como el nuestro, es su capacidad de obligar a las empresas nacionales ineficientes a ponerse a la altura de las mejores en el mundo. La competencia efectiva es la madre de la competitividad. Por eso las economías cerradas, dicen, al eliminar la competencia, hace empresarios incapaces y parásitos y generan, por tanto, rezago, subdesarrollo y pobreza. Pero si fuera así, habría que aceptar que los países hoy desarrollados se lanzaron a la conquista del mercado mundial movidos por su deseo de “aprender”, de hacerse competitivos bajo el fuego de sus competidores. Esto contradice flagrantemente la historia económica, pues ella demuestra que, cuando las grandes potencias actuales salieron al mundo, ya eran las más competitivas; que fue precisamente esa competitividad la que las llevó a saturar su mercado interno y las empujó, con fuerza irresistible, a saltar por encima de sus fronteras nacionales. Esto demuestra, de modo irrefutable, que la productividad es la madre y no la hija del mercado mundial; que se puede ser productivo en una economía volcada, por razones históricas, hacia su propio mercado interior, siempre y cuando que haya el interés y el propósito de hacerlo.

En México, lo que ha impedido que esto ocurra ha sido el contubernio político entre gobierno y empresas, que no es lo mismo que el proteccionismo económico con acento patriótico y popular. El proteccionismo político mexicano se manifestó en la tolerancia de prácticas monopólicas que pusieron a las empresas al abrigo de la competencia de sus pares nacionales; en la transfusión, que dura hasta hoy, de ingentes recursos públicos al sector privado, disfrazada de todas las maneras posibles; en los enormes privilegios fiscales que tampoco son cosa del pasado y, de modo preponderante, en el control salarial y el deterioro constante de los niveles de vida de la clase obrera. Por eso, y no por el carácter nacionalista del modelo, se formó un empresariado poco emprendedor, nada dispuesto a mejorar su tecnología y más inclinado al derroche que a la inversión productiva. Si todo eso se elimina, regula o racionaliza, un sano nacionalismo económico puede ser la salvación del país. Por lo demás, nadie en su sano juicio postula un aislamiento total de nuestra economía; debemos exportar porque necesitamos comprar al mundo, pero debemos hacerlo teniendo en cuenta los intereses de todos y no sólo los de las grandes empresas exportadoras asentadas en nuestro país.

Reportero: Redacción A


Agujeros en los Calzones dijo...

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SUFREN INJUSTICIAS TRABAJADORES DE AQUILES CÓRDOVA MORÁN

San Luis Potosí, S.L.P., a 15 de abril de 2010.

Sr. Aquilés Córdova:

¿Cómo es posible que Ud. escriba sendos artículos acerca de la necesidad de establecer un sistema económico y social en donde todas las personas tengan acceso a los bienes materiales y culturales de que dispone la actual civilización, si el "Movimiento Antorchista" que Ud. preside se conduce con la misma conducta rapaz e inmoral que caracteriza a los grupos de poder político o económico?
¿Cómo es posible que Ud. diga ser intelectualmente estimulado o inspirado por los padres del movimiento marxista, como fueron el propio Carlos Marx y Federico Engels, si el "Movimiento Antorchista" que Ud. preside actúa en contra de aquellas personas con quienes establece relación laboral en iguales o peores condiciones en que lo hace la burguesía más depredadora?
¿Cómo es posible que Ud. organice círculos de estudio entre los cuadros del "Movimiento Antorchista" para la reflexión crítica de la realidad, y sea incapaz de reflexionar sobre las condiciones de explotación en que se encuentran aquellas personas con quienes contrae obligaciones laborales?
¿Cómo es posible que Ud. denuncie constantemente en sus publicaciones (por ejemplo, revista Buzos) los innumerables actos de corrupción y de rapacidad con que actúan determinados actores y organizaciones políticas o elementos de la burguesía en contra de los derechos del pueblo trabajador, si en el "Movimiento Antorchista" se cometen esos mismos actos en contra de integrantes de ese mismo pueblo trabajador?
Le explicaré enseguida por qué le hago aquellas preguntas y afirmaciones:
1) En la ciudad de San Luis Potosí el "Movimiento Antorchista" es propietario de la Universidad de Ciencias y Artes del Potosí (UCAP).
2) A fin de impartir sus cursos a los estudiantes, la UCAP establece relación laboral con profesores de distintas disciplinas, quienes han invertido dinero, tiempo y esfuerzo en su formación.
3) Esos profesores no son contratados conforme a las leyes en la materia; es decir, no existe ningún contrato legalmente firmado con ellos.
4) A esos profesores se les paga 40 pesos por hora/clase impartida, cantidad que es de las más bajas de la ciudad, pues existen otras Universidades que pagan desde 70 hasta 140 pesos por hora/clase impartida.
5) Únicamente se les paga por clase impartida, lo cual significa que no se les paga por aquellas clases que deberían impartir y que no lo hacen por causas ajenas a ellos, como son días de descanso obligatorio (Semana Santa, Semana de Páscua, fechas conmemorativas) o por paros obligatorios (como sucedió con la pasada suspensión de clases por causa de la contingencia sanitaria del virus AH1N1). Si lo desconoce, le informo que durante el tiempo que duró esa emergencia y en que la UCAP estuvo cerrada, los profesores fueron abandonados a su suerte, pues no recibieron un centavo de pago por las clases que no pudieron impartir.
6) A los estudiantes sí se les cobra colegiatura por todo el año (lo cual incluye fechas conmemorativas, temporadas de vacaciones o paros obligatorios). Esto significa que a quienes el "Movimiento Antorchista" ha encomendado la administración de la UCAP sólo les interesa medrar con el discurso de la educación para el pueblo, empleando como ingrediente propagandístico sus necesidades. Si a los estudiantes se les cobran colegiaturas por vacaciones, fechas conmemorativas y días de guardar, ¿por qué a los profesores no se les paga por las clases no impartidas en esas suspensiones? Creo que Marx y Engels pueden darle respuesta.
7) Si existiera congruencia entre teoría y praxis, en el caso de la UCAP tendríamos un caso excepcional en el cual los profesores que son quienes trabajan serían copropietarios de la Universidad; es decir, recibirían también la parte correspondiente a los beneficios económicos que producen. Sin embargo, lo que tenemos es otro caso de expropiación de la riqueza socialmente producida. Es decir, el "Movimiento Antorchista" que Ud. preside actúa como lo hace cualquier burgués. ¡Qué bella lección de política tendríamos si el "Movimiento Antorchista" creara establecimientos educativos en los que los propios catedráticos son también sus propietarios! ¿No es eso justicia socialista?
8) Como ninguno de los profesores de la UCAP es contratado en forma legal (como sí sucede incluso en el caso de Universidades propiedad de grupos de la jerarquía católica o de la burguesía doméstica), en consecuencia no recibe los beneficios de la seguridad social, como son: atención médica, atención hospitalaria, inscripción al régimen de pensiones y jubilaciones, registro en el INFONAVIT, etc. Es decir, parecería que al "Movimiento Antorchista" que Ud. preside no le importan las condiciones en que se encuentran sus trabajadores académicos.
Quedo de Ud. en espera de sus comentarios.
Atentamente,
Agujeros en los Calzones.

P.D. El hecho de dirigirme a Ud. utilizando un seudónimo no afecta ni perturba aquella realidad.


Fecha: 2010-04-21 12:51:49



 
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