Juárez

Iván Pérez: Si no lo controlo, lo destruyo

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De CONCANACO a FECOMEX, del CCE a una nueva organización empresarial y de las denuncias al Playera Gate: demasiados conflictos comienzan a dibujar un patrón alrededor del presidente de CANACO Juárez.

Hay personajes que llegan a las instituciones para servirlas.

Otros llegan para servirse de ellas.

Y existen algunos, mucho más peligrosos para la vida institucional, que después de permanecer cierto tiempo en el poder terminan convencidos de que ellos son la institución.

Mientras mandan, exigen disciplina. Mientras controlan, hablan de unidad. Mientras ocupan la silla principal, reclaman institucionalidad.

Pero basta que pierdan una votación, que alguien les diga que no, que un consejo les cierre el paso o que una organización deje de responder a sus intereses para descubrir su verdadera concepción del liderazgo:

Si no puedo controlarlo, lo confronto; si no puedo conquistarlo, lo divido; y si no puedo quedármelo, construyo otro.

La trayectoria reciente de Iván Antonio Pérez Ruiz, el santero mayor de los comerciantes fronterizos, presidente de CANACO Juárez, comienza peligrosamente a parecerse a esa fórmula.

Porque las coincidencias ya son demasiadas.

CONCANACO.

FECOMEX.

Consejo Coordinador Empresarial de Ciudad Juárez.

CANACO.

Y ahora el intento de impulsar otra organización empresarial en la frontera.

Cambian las siglas.

El personaje es el mismo.

Y el conflicto, curiosamente, también.

EL PROBLEMA SIEMPRE SON LOS DEMÁS

Iván Pérez posee una peculiar habilidad política: cada vez que entra en conflicto con una institución que aparenta representar, aparentemente el problema nunca es Iván Pérez.

Son los demás.

Cuando enfrentó problemas dentro de CONCANACO, el conflicto fue con CONCANACO según Iván.

Cuando aquella estructura dejó de acomodarse a sus intereses, creó FECOMEX.

Cuando buscó la Presidencia del Consejo Coordinador Empresarial de Ciudad Juárez y no consiguió los consensos necesarios, CANACO terminó fuera del CCE.

Y cuando el CCE dejó de resultar funcional, apareció la intención de construir otro organismo empresarial.

Qué extraordinaria mala suerte.

Todas las instituciones parecen equivocarse justo cuando Iván Pérez deja de controlarlas.

Porque mientras existe posibilidad de conquistar una posición, las instituciones sirven.

Cuando esa posibilidad desaparece, súbitamente dejan de servir.

Ahí está el verdadero problema.

No estamos hablando simplemente de un empresario de carácter fuerte, polémico o combativo.

Estamos hablando de algo mucho más delicado: una concepción personalista, individualista del liderazgo, del poder, en la que la institución parece valer mientras resulte funcional al dirigente.

CONCANACO: PRIMERA ESTACIÓN

El antecedente nacional resulta revelador.

El conflicto de Iván Pérez con CONCANACO no fue solamente aquella romántica batalla de un dirigente fronterizo defendiendo los intereses de Ciudad Juárez frente al centralismo nacional que posteriormente se pretendió presentar.

Existieron diferencias institucionales y procedimientos internos.

Pérez Ruiz tuvo y conserva, naturalmente, todo el derecho a defender su posición y cuestionar las decisiones tomadas en su contra.

Pero después ocurrió algo políticamente mucho más interesante:

Apareció FECOMEX, creada por él casualmente.

Una estructura empresarial alternativa.

El documento que sirve de base para este análisis describe precisamente un patrón: cuando Pérez Ruiz no consiguió consolidar su influencia dentro de CONCANACO SERVYTUR, promovió FECOMEX; posteriormente, tras no obtener la Presidencia del CCE de Ciudad Juárez, volvió a aparecer la idea de conformar otro organismo empresarial.

Casualidades, quizá.

Pero cuando las casualidades comienzan a repetirse terminan convirtiéndose en antecedentes, en metodología consistente, en modus operandi.

Y cuando los antecedentes se repiten sistemáticamente comienzan a parecerse demasiado a un método.

DESPUÉS VINO EL CCE

La historia volvió a escribirse en Ciudad Juárez.

Iván Pérez quería presidir el Consejo Coordinador Empresarial.

No pudo, lo rechazaron abiertamente.

¿Y cuál es el problema?

Ninguno. Perder, forma parte de la vida institucional.

En democracia empresarial, política, sindical, organizacional o partidista, es normal, unas veces se gana y otras se pierde.

De hecho, el verdadero liderazgo no siempre se demuestra ganando. Muchas veces se demuestra perdiendo.

Porque cualquiera sabe sonreír cuando levanta el trofeo.

El verdadero carácter institucional aparece cuando hay que felicitar al ganador, regresar a casa y continuar trabajando. Pero ese no es Iván.

Después de aquella disputa, sin embargo, CANACO Juárez terminó fuera del Consejo Coordinador Empresarial.

Y ahí comienza el verdadero problema.

Porque CANACO Juárez no es propiedad de Iván Pérez.

No es una empresa de su propiedad.

No es una asociación familiar.

No es un membrete personal.

CANACO tiene afiliados.

Tiene Asamblea.

Tiene Consejo Directivo.

Tiene estatutos.

Y tiene una historia muy anterior al actual presidente.

Por eso permanece una pregunta extraordinariamente sencilla que podría resolverse mostrando un documento:

¿dónde está el acta mediante la cual el Consejo Directivo de CANACO autorizó abandonar el Consejo Coordinador Empresarial?

Que la enseñen.

¿Hubo sesión?

Que presenten el acta.

¿Hubo votación?

Que publiquen el resultado.

¿Los consejeros aprobaron la decisión?

Que digan quién votó a favor y quién en contra.

No debería ser complicado.

A menos, claro, que una decisión presentada como institucional nunca haya sido tan institucional.

SI EL CCE NO ME SIRVE… HAGO OTRO

Después llegó quizá el episodio más revelador.

Ya fuera del CCE, comenzó a impulsarse la conformación de otra agrupación empresarial. Otra.

La reunión convocada para darle forma al proyecto no consiguió reunir a varios de los empresarios y dirigentes de mayor representatividad de Ciudad Juárez.

Las ausencias no pueden interpretarse automáticamente como un rechazo colectivo a Iván Pérez.

Pero tampoco pueden venderse como demostración de liderazgo. Su debe entenderse como un rechazo selectivo a su liderazgo por supuesto.

Y ahí surgió una pregunta demoledoramente sencilla:

¿para qué necesita Ciudad Juárez otro organismo empresarial?

Ya existen cámaras.

Asociaciones.

Colegios profesionales.

Organismos especializados.

Organizaciones de la sociedad civil.

Y existe precisamente un Consejo Coordinador Empresarial cuya función consiste en sentarlos alrededor de una misma mesa.

¿Qué problema resolvería una nueva organización?

¿Quién la pidió?

¿A quién representaría?

¿Con qué reglas?

¿Con qué estructura?

¿Con qué legitimidad?

Y, sobre todo:

¿quién terminaría presidiéndola?

Porque observando los antecedentes, quizá esa última pregunta explique mejor que todas las anteriores el entusiasmo por crearla.

EL LIDERAZGO QUE DIVIDE

Ciudad Juárez enfrenta problemas demasiado graves como para que sus empresarios estén jugando a construir clubes rivales.

Agua.

Energía.

Infraestructura.

Cruces fronterizos.

Seguridad.

Movilidad.

Nearshoring.

Comercio exterior.

Proveeduría.

Empleo.

Competitividad.

Una frontera que compite diariamente con ciudades estadounidenses necesita un sector empresarial fuerte, coordinado y profesional.

No una colección de pequeños principados.

Cada organismo adicional que surge como consecuencia de pleitos personales fragmenta interlocución, representación y capacidad de presión.

Eso no fortalece al empresariado.

Lo pulveriza.

Un líder construye consensos.

Un caudillo exige obediencia.

Un líder acepta contrapesos.

Un caudillo intenta neutralizarlos.

Un líder entiende que eventualmente tendrá que entregar la silla.

Un caudillo termina creyendo que la silla le pertenece.

LOS MÁS DE 1,400 VOTOS: ¿RESPALDO EMPRESARIAL O MÚSCULO POLÍTICO?

Y aquí aparece un argumento que seguramente Iván Pérez y sus defensores pondrán inmediatamente sobre la mesa:

Fue reelecto.

Y no por unos cuantos votos.

Más de 1,400 sufragios respaldaron formalmente su permanencia al frente de CANACO Juárez.

El dato existe.

Ocultarlo sería intelectualmente deshonesto.

Pero una elección no solamente debe analizarse contando votos.

También importa saber cómo se construyeron esos votos, qué grupos participaron en la movilización y qué intereses políticos confluyeron alrededor de una candidatura.

Y ahí aparece otro personaje:

Cruz Pérez Cuéllar.

El entonces presidente municipal de Ciudad Juárez, hoy con licencia y buscando posicionarse rumbo a la candidatura de Morena al Gobierno de Chihuahua, fue un factor político de apoyo para la reelección de Iván Pérez Ruiz.

Y entonces los más de 1,400 votos merecen una lectura política adicional.

Esto no significa afirmar, sin pruebas documentales, que el gobierno municipal haya manipulado una elección interna de CANACO.

Significa algo diferente:

Que alrededor de aquella elección existió una relación política que merece analizarse.

Porque cuando detrás de una elección gremial aparece el respaldo del principal actor político de la ciudad, ya no basta preguntar cuántos votos obtuvo el ganador.

También debemos preguntar:

¿De quién era realmente ese respaldo?

¿De comerciantes convencidos de su gestión?

¿De afiliados movilizados espontáneamente?

¿De grupos internos?

¿De estructuras empresariales?

¿O existió también una operación política interesada en mantener como aliado al presidente de una de las organizaciones empresariales más importantes de Ciudad Juárez?

Son preguntas.

Pero preguntas legítimas.

Porque los votos acreditan una victoria.

No necesariamente explican cómo se construyó.

CRUZ, IVÁN Y UNA ALIANZA QUE MERECE MIRARSE HACIA 2027

Y este asunto adquiere ahora una dimensión todavía más interesante.

Porque Cruz Pérez Cuéllar ya no es solamente el político que entonces encabezaba el Ayuntamiento de Ciudad Juárez.

Hoy está con licencia y su proyecto político apunta hacia la gubernatura de Chihuahua.

Entonces aquella relación deja de ser exclusivamente retrospectiva.

También obliga a mirar hacia adelante.

¿Qué obtiene un aspirante a gobernador manteniendo una relación cercana con el presidente de CANACO Juárez?

Interlocución empresarial.

Acceso a comerciantes.

Foros.

Eventos.

Fotografías.

Contactos.

Presencia mediática.

Y eventualmente la posibilidad de proyectar hacia el sector privado una imagen de aceptación empresarial.

La pregunta inversa resulta todavía más interesante:

¿qué obtiene Iván Pérez de esa relación?

Ahí es donde los más de 1,400 votos dejan de ser solamente una cifra electoral y comienzan a formar parte de una historia sobre poder, alianzas y supervivencia.

CANACO no debería convertirse en plataforma de ningún aspirante a gobernador.

Ni de Morena.

Ni del PAN.

Ni del PRI.

Ni de ningún partido.

Porque una Cámara empresarial pierde autoridad moral para reclamar independencia frente al gobierno si termina dependiendo políticamente del gobierno.

Y por eso aquellos votos no necesariamente cierran la discusión sobre el liderazgo de Iván Pérez.

La abren.

Y LUEGO ESTÁN LAS DENUNCIAS

Alrededor de Iván Pérez existe además otro asunto que tampoco puede barrerse debajo de la alfombra.

Hay denuncias y señalamientos públicos.

Una publicación periodística del 9 de junio dio cuenta de denuncias presentadas ante la Fiscalía Anticorrupción relacionadas con contratos adjudicados durante su paso por la administración municipal.

Los señalamientos publicados mencionan posibles conductas que corresponderá exclusivamente a las autoridades investigar y, en su caso, llevar ante un juez.

Conviene escribirlo con letras igualmente grandes:

Denuncia no significa culpabilidad.

Iván Pérez tiene derecho a la presunción de inocencia.

Las autoridades tendrán que investigar.

Un Ministerio Público tendrá que integrar las carpetas correspondientes.

Y si eventualmente existe materia, será un juez quien determine responsabilidades.

No un periodista.

No una columna.

No sus adversarios.

Pero existe una diferencia gigantesca entre respetar la presunción de inocencia y pretender que las denuncias no existen.

Las denuncias existen, tienen materia y no se pueden ignorar, los hechos consignados en las denuncias ocurrieron y fueron públicos por tanto, tienen sustancia y no se deben pasar por alto.

Los cuestionamientos existen.

Y quien preside una organización empresarial de la importancia de CANACO tiene una responsabilidad adicional de transparencia, y no debería tener el más mínimo cuestionamiento sobre su honorabilidad y ética.

No porque sea culpable. Precisamente porque asegura no serlo.

EL PLAYERA GATE: CUANDO LA IMPRUDENCIA SE CONVIERTE EN ESCÁNDALO

Y cuando parecía que el expediente público no podía ponerse más extraño, aparecieron las playeras.

El episodio bautizado como Playera Gate se convirtió en una de las escenas institucionalmente más desafortunadas de los últimos tiempos en Ciudad Juárez.

Juzgadores aparecieron fotografiados con camisetas entregadas en un contexto relacionado con la dirigencia empresarial.

Y todavía peor:

Las imágenes circularon públicamente.

Eso no demuestra soborno.

No demuestra corrupción judicial.

No demuestra que algún juzgador haya favorecido a Iván Pérez.

Afirmarlo sin pruebas o resolución sería irresponsable.

Pero sí revela una extraordinaria falta de prudencia institucional.

Porque cuando alrededor de una persona existen denuncias o investigaciones, lo último que conviene es generar imágenes de cercanía con integrantes del Poder Judicial susceptibles de interpretaciones públicas.

Y lo último que deberían hacer los juzgadores es prestarse a una escena semejante.

La justicia no solamente debe ser imparcial.

Debe parecerlo.

LAS CUENTAS: TAN FÁCIL COMO ABRIR LOS LIBROS

Existe una manera extraordinariamente sencilla de responder a buena parte de los cuestionamientos.

No requiere entrevistas.

No necesita conferencias de prensa.

No necesita videos.

Mucho menos discursos incendiarios.

Necesita documentos.

Que abran las cuentas de CANACO.

Estados financieros.

Informes de Tesorería.

Auditorías.

Contratos.

Facturas.

Patrocinios.

Recursos públicos recibidos.

Cuentas de la Feria del Comercio.

Cuentas del Festival del Tequila.

Proveedores.

Convenios.

Viáticos.

Compensaciones.

Obligaciones financieras.

Y las actas mediante las cuales el Consejo Directivo autorizó las decisiones institucionales relevantes.

Todo.

Si las cuentas están impecables, magnífico.

Publicarlas destruirá las sospechas.

Si las decisiones fueron colegiadas, excelente.

Las actas terminarán con las especulaciones.

Si los recursos están correctamente comprobados, mejor todavía.

Que una auditoría independiente lo certifique.

La transparencia posee una virtud extraordinaria:

cuando los documentos hablan, los rumores se callan.

EL PATRIMONIO Y LOS SEÑALAMIENTOS QUE EXIGEN RESPUESTA

Existe además información contenida en documentos referidos públicamente que plantea interrogantes sobre operaciones financieras, adquisiciones e ingresos relacionados con Iván Pérez y empresas vinculadas con él.

Aquí nuevamente debemos establecer una frontera perfectamente clara.

Un documento con señalamientos no es una sentencia.

Una operación bancaria no demuestra por sí misma ilegalidad.

Comprar propiedades o vehículos tampoco constituye delito.

Tener ingresos elevados mucho menos.

Pero cuando una persona ocupa una posición de representación empresarial y alrededor de ella aparecen cuestionamientos documentados sobre movimientos patrimoniales, la respuesta adecuada no debería ser el silencio.

Debería ser la transparencia.

Si existe congruencia entre ingresos, actividades empresariales, adquisiciones y obligaciones fiscales, que se documente.

Eso protegería al propio Iván Pérez.

Porque la transparencia no solamente sirve para descubrir irregularidades.

También sirve para demostrar que no existen.

¿Y LOS CONSEJEROS?

Pero existe una responsabilidad que comienza a resultar imposible ignorar.

¿Dónde está el Consejo Directivo?

Porque Iván Pérez no llegó a la Presidencia mediante un golpe de Estado empresarial.

Fue electo.

Y fue reelecto.

Los consejeros reciben informes.

Aprueban cuentas.

Votan.

Supervisan.

Autorizan.

O deberían hacerlo.

Entonces respondan:

¿Aprobaron abandonar el CCE?

¿Sí o no?

¿Existe el acta?

Publíquenla.

¿Respaldaron institucionalmente FECOMEX?

¿Sí o no?

¿Conocen las cuentas completas de los eventos organizados por CANACO?

¿Sí o no?

¿Han revisado auditorías?

¿Sí o no?

¿Conocen las obligaciones financieras actuales de la Cámara?

¿Sí o no?

¿Respaldan la creación de otro organismo empresarial?

¿Sí o no?

¿Conocieron o respaldaron la relación política construida alrededor de la reelección?

¿Sí o no?

Y finalmente:

¿están convencidos de que la estrategia personal de Iván Pérez coincide con los intereses institucionales de CANACO Juárez?

Porque si la respuesta es sí, deben asumirla públicamente.

Y si la respuesta es no, tienen la obligación de actuar.

Lo único que ya no resulta aceptable es fingir que son espectadores.

EL PATRÓN

Ahora tomemos distancia.

Olvidemos por un momento nombres, filias, fobias y apodos.

Observemos solamente la secuencia.

Conflicto con CONCANACO.

Ruptura.

FECOMEX.

Nueva estructura.

Disputa por el CCE.

Derrota.

Salida de CANACO.

Nuevo conflicto.

Proyecto de otra organización empresarial.

Reelección interna acompañada de un respaldo político que merece ser explicado.

Denuncias.

Cuestionamientos patrimoniales.

Playera Gate.

Exigencias de transparencia.

Cada episodio, individualmente, puede tener explicación.

Todos juntos empiezan a dibujar un patrón.

Y ese patrón tiene un nombre:

liderazgo destructivo.

No porque destruya edificios.

Destruye algo mucho más difícil de reconstruir:

confianza.

Confianza entre empresarios.

Confianza entre organismos.

Confianza en los órganos colegiados.

Confianza en la independencia del sector privado.

Confianza en que las decisiones institucionales obedecen al interés colectivo y no a ambiciones personales.

EL DIRIGENTE QUE NECESITA AL PODER

Y quizá aquí aparece la contradicción más interesante de toda esta historia.

El dirigente empresarial que confronta estructuras cuando no logra controlarlas parece extraordinariamente cómodo cuando el poder político le resulta útil.

Para CONCANACO hubo rebeldía.

Para el CCE hubo ruptura.

Para quienes no respaldaron sus aspiraciones hubo confrontación.

Pero con el gobierno municipal encabezado por Cruz Pérez Cuéllar hubo entendimiento.

Y eso merece observarse especialmente ahora que Cruz busca avanzar hacia la candidatura al Gobierno de Chihuahua.

Porque un verdadero dirigente empresarial debe poder sentarse con el poder.

Dialogar con él.

Negociar.

Exigir.

Colaborar.

Pero jamás depender de él.

La independencia empresarial no consiste en pelearse permanentemente con los gobiernos.

Consiste en poder decirles que no.

Incluso cuando ayudaron ayer.

Especialmente cuando mañana pueden pedir algo a cambio.

LA PRUEBA FINAL

Existe una prueba extraordinariamente sencilla para medir a cualquier dirigente.

No preguntarle cuánto poder acumuló.

No preguntarle cuántas fotografías consiguió.

No preguntarle con cuántos gobernadores, alcaldes, fiscales, jueces o funcionarios logró retratarse.

Ni siquiera cuántas veces apareció en los medios.

La pregunta es otra:

¿cómo quedó la institución después de su paso?

Más fuerte o más débil.

Más unida o más dividida.

Más respetada o más cuestionada.

Más transparente o más opaca.

Más independiente o más comprometida políticamente.

Más institucional o más dependiente de una sola persona.

Ésa será finalmente la medida de Iván Pérez Ruiz.

Porque los presidentes pasan.

CANACO permanecerá.

Los pleitos pasan.

Ciudad Juárez permanecerá.

Los cargos terminan.

Las instituciones sobreviven.

O deberían sobrevivir.

Por eso quizá ha llegado el momento de que empresarios, consejeros y afiliados de CANACO Juárez se hagan una pregunta incómoda:

¿Iván Pérez está defendiendo a CANACO… o CANACO está siendo utilizada para defender a Iván Pérez?

Y una segunda, todavía más incómoda:

¿los más de 1,400 votos que lo reeligieron representan solamente la voluntad independiente de los comerciantes o también reflejan una alianza política cuyo verdadero alcance conoceremos rumbo a 2027?

Porque si cada institución que no se somete termina convertida en enemiga; si cada derrota termina en ruptura; si cada ruptura produce una nueva organización; si el respaldo político sirve para conservar posiciones empresariales y si cada organización termina girando alrededor del mismo personaje, quizá nunca fueron las instituciones las que tuvieron el problema.

Quizá el problema siempre estuvo sentado en la silla presidencial.

Y hay algo que ningún dirigente debería olvidar:

Las instituciones pueden sobrevivir perfectamente sin sus presidentes.

Lo verdaderamente peligroso comienza cuando un presidente llega a creer que la institución no puede sobrevivir sin él.

Y todavía peor:

Cuando está dispuesto a demostrarlo destruyéndola.

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