LA BIENVENIDA
- Por Editora Dai
A horas de que arranque la marcha de Morena contra la gobernadora Maru Campos, el coordinador parlamentario de Morena, Cuauhtémoc Estrada salió sin el menor empacho a abrirles la puerta y darles la bienvenida a todas esas figuras que ya se aproximan a la capital desde otros estados del país. Por supuesto, desde el cuartel guinda juran y perjuran que ahí no hay acarreados; bajo la conveniente lógica morenista, con el simple hecho de ser mexicanos ya tienen pase automático para venir a armar ruidazo. Sin embargo, el detalle está en el precedente de pretender que actores ajenos a la entidad metan mano e influyan en una demanda tan delicada, seria y, sobre todo, local, como lo es la destitución de un gobernante. Al final del día, la decisión de si Maru Campos se queda o se va debería ser un asunto que competa de forma estricta y exclusiva a los chihuahuenses, no el experimento de un laboratorio de movilización nacional para medir fuerzas. Estrada sale a la defensa de la movilización con un guion que intenta suavizar lo que, a todas luces, y a ojos de cualquiera, es una movilización programada, justificando la presencia de figuras de otros estados bajo el argumento de la defensa de la soberanía nacional. Y es verdad que si los chihuahuenses de los 67 municipios deciden venir a marchar están en su derecho; se les respeta y se les escucha. Pero ¿Qué tienen que hacer ciudadanos de otros estados en asuntos de Chihuahua? Lo verdaderamente importante el día de mañana será tener el colmillo lo suficientemente afilado para separar el ruido propagandístico y el verdadero sentir ciudadano de los chihuahuenses frente a una cúpula partidista que no tiene reparo en abrirle la puerta al centro y al sur del país para resolver un pleito que se debería dirimir en casa.
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