Ciudad Juárez.- Lo que comenzó en 2018 como una experiencia de aprendizaje en una pequeña mesa dentro del Mercado de la Jilotepec, hoy se ha convertido en Turquesa MX Studio, un emprendimiento del sector de la belleza que ha construido su crecimiento sobre la capacitación, la calidad en el servicio, la colaboración y la convicción de que las profesionales de este giro pueden crecer juntas.
Al frente del proyecto se encuentra Jessica Ortega, quien recuerda que los primeros pasos fueron modestos, pero suficientes para descubrir que existía una oportunidad de negocio.
En aquel momento realizaba prácticas y fueron las propias locatarias quienes comenzaron a interesarse por su trabajo. Posteriormente, las recomendaciones hicieron que la clientela creciera de manera gradual.
La demanda comenzó a aumentar y con ella surgió la necesidad de ampliar el proyecto.
Otras compañeras interesadas en aprender y desarrollarse profesionalmente se incorporaron al equipo, dando paso a una nueva etapa.
“Fue entonces que decidí dar un paso más de crecimiento, rentar un local y comenzar a estructurarlo como un emprendimiento como tal”, explica Jessica.
Uno de los momentos importantes en la evolución de la empresa ocurrió en 2020, cuando Jessica inició sus estudios en Negocios y Mercadotecnia.
La formación académica se convirtió en una herramienta para fortalecer el proyecto y darle bases empresariales.
El negocio dejó de ser solamente una actividad relacionada con la belleza para convertirse en un proyecto de emprendimiento que buscaba consolidarse como marca.
A la experiencia adquirida en el trabajo diario se sumaron talleres de educación empresarial y conocimientos relacionados con la creación y administración de negocios.
Esa combinación permitió a Jessica replantear el futuro de Turquesa y establecer una filosofía basada en el crecimiento colectivo.
La propuesta consiste en abrir las puertas a otras artistas del sector para que puedan integrarse, aprender, compartir conocimientos y continuar con su formación profesional.
Para Jessica, el concepto de Turquesa cobra verdadero sentido a través del trabajo en equipo.
“La emoresa cobra vida gracias al trabajo en equipo, brindándoles seguridad, garantía e integridad a nuestras clientas, mientras nosotras trabajamos apoyándonos unas a otras para mejorar y seguir aprendiendo”, señala.
Una trayectoria marcada por la evolución
La historia empresarial ha estado acompañada por distintos cambios de ubicación y concepto.
Después de sus inicios en el Mercado de la Jilotepec, el proyecto se trasladó a un pequeño local sobre la calle Centeno. Posteriormente, hasta 2021, dio otro salto al establecerse en un espacio dentro de una plaza comercial sobre la avenida Gómez Morín.
En 2023 llegó una nueva transformación; el concepto evolucionó de salón a studio.
Con ello también cambió la estrategia de posicionamiento y comenzaron las participaciones en bazares y exposiciones.
La renovación de la marca estuvo acompañada por una nueva ubicación, buscando alcanzar una zona más céntrica y estratégica de la ciudad.
Actualmente, cuenta con dos ubicaciones, resultado de un proceso de crecimiento que comenzó de manera sencilla y que ha requerido adaptación constante.
Aunque el proyecto se originó en 2018, Jessica señala que como emprendimiento formal se consolida a partir de 2022, etapa en la que comenzó a estructurarse con mayor claridad como marca y modelo de negocio.
La perseverancia como motor
Emprender en el sector de la belleza implica enfrentarse a temporadas de alta y baja demanda, además de una competencia cada vez mayor.
Sin embargo, para Jessica, la perseverancia ha sido fundamental para mantener el proyecto.
La consolidación y el crecimiento de la empresa representan hoy una de sus principales motivaciones.
“Ver cómo se ha consolidado, cómo ha ido creciendo y cómo seguimos en crecimiento es lo que me motiva a continuar con este proyecto”, afirma.
Turquesa también ha tenido una importancia especial en el ámbito familiar, pues durante distintas etapas Jessica encontró en su emprendimiento una fuente de sustento para su familia.
Ese componente personal convirtió al negocio en algo más que una actividad económica; en un proyecto construido con esfuerzo, aprendizaje y responsabilidad.
El reto de competir sin perder la calidad
Uno de los principales desafíos que identifica Jessica es la creciente competencia dentro del sector de la belleza.
La alta demanda de servicios ha provocado que cada vez más personas incursionen en esta industria, pero desde su perspectiva no siempre se mantienen los estándares de educación, profesionalización y calidad que deberían acompañar a los servicios.
Por ello, uno de los objetivos es diferenciarse mediante la preparación, la atención al cliente, la integridad y la calidad.
La meta a largo plazo es ambiciosa; crear una red de artistas de la belleza ubicadas en distintos puntos de Ciudad Juárez, con una identidad común y estándares que permitan reconocer a Turquesa por la calidad y seguridad de sus servicios.
La filosofía empresarial se resume en una misión enfocada en generar trabajos de calidad y contribuir positivamente al estado de ánimo de sus clientes, buscando además que la marca tenga visibilidad y presencia.
Su visión está orientada a que los clientes conozcan quiénes son, qué ofrecen y qué necesidades pueden solucionar, pero, sobre todo, a generar confianza.
Los valores que sostienen el proyecto son:
Honestidad
Integridad
Profesionalismo
Atención al detalle
Empatía
Eficiencia
Estos principios buscan convertirse en una guía para el trabajo cotidiano y en un elemento diferenciador dentro de un mercado altamente competitivo.
Escuchar al cliente para seguir creciendo
El crecimiento también contempla la mejora continua.
Para ello, el emprendimiento plantea implementar mecanismos de monitoreo permanente que permitan conocer la satisfacción de sus clientes, analizar la demanda y adaptar la oferta de servicios.
La retroalimentación se convierte así en una herramienta empresarial para identificar áreas de oportunidad y mantener una evolución constante.
La apuesta no es solamente crecer en número de ubicaciones, sino fortalecer la calidad de cada servicio y construir una relación de confianza con quienes depositan en la empresa su imagen y bienestar.
Más allá de las metas económicas, Jessica Ortega tiene claro el legado que desea dejar.
Su propósito es construir una cultura basada en la empatía y el servicio, pero también transmitir un mensaje a quienes trabajan en el sector; las profesionales de la belleza no necesariamente tienen que verse como competencia; también pueden convertirse en aliadas para crecer juntas.
“Me gustaría crear un legado de empatía y servicio, crear conciencia de que no somos competencia y que trabajando en conjunto podemos lograr todo lo que nos propongamos”, expresa.
Esa visión resume el camino recorrido por Ortega: comenzar desde abajo, aprender, prepararse, adaptarse a los cambios y convertir la experiencia en una plataforma para que más personas puedan desarrollarse.
La historia de Jessica Ortega refleja una de las características esenciales del emprendimiento: una empresa no nace necesariamente con grandes instalaciones ni con recursos abundantes; muchas veces comienza con una oportunidad pequeña, una habilidad, la confianza de los primeros clientes y la determinación de seguir avanzando.
De aquella primera mesa en un mercado a dos ubicaciones, de las prácticas iniciales a una marca estructurada y de un proyecto individual a una propuesta basada en el trabajo colaborativo, Turquesa continúa construyendo su historia con la mirada puesta en el crecimiento, la profesionalización y la creación de una comunidad de artistas de la belleza.
Porque, para Jessica, emprender también significa demostrar que la perseverancia tiene recompensa y que un negocio puede convertirse, al mismo tiempo, en una oportunidad de desarrollo personal, profesional y colectivo.