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LA PROPAGANDA

  • Por Editor R
LA PROPAGANDA

Para la presidenta Claudia Sheinbaum, el enérgico manotazo sobre la mesa que dio la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, es simple propaganda electoral. Desde la comodidad del centro del país, resulta muy fácil meter en el cajón de la politiquería la exigencia de amarrar el espinoso caso de Rubén Rocha Moya para no poner en riesgo el T-MEC. Sin embargo, para quienes vivimos de este lado de la frontera, el diagnóstico presidencial suena más a miopía que a estrategia. Reducir la advertencia de Chihuahua a un berrinche de campaña es no entender cómo se bate el cobre en el norte. Aquí la relación con Estados Unidos no es un concepto abstracto para debatir en la mañanera; es el pan de cada día que se mide en cruces de tráileres, empleos en las maquilas y estabilidad económica real. La mandataria federal insiste en que el comercio y la seguridad caminan por vías paralelas y que las bravuconadas proteccionistas de Donald Trump son mera forma. Qué peligroso aferrarse a la negación y el autoengaño. Si algo ha demostrado el inquilino de la Casa Blanca es que en su tablero la economía y el combate al narcotráfico van en el mismo paquete. Trump no distingue carriles; cobra facturas completas. Ignorar las alertas de los estados fronterizos no debilita a la oposición local, debilita a todo México ante una renegociación comercial que se viene durísima. Exigir certezas y limpiar la casa no es hacer campaña; es un acto de pura supervivencia. Si el Gobierno Federal sigue barriendo los riesgos reales bajo la alfombra de la soberanía discursiva, el despertar va a ser amargo. Ojalá entiendan, antes de que sea tarde, que lo que hoy tachan despectivamente de propaganda es en realidad el humo de un incendio diplomático que nos puede quemar a todos.