Juárez

Entre la necesidad y la esperanza

  • Por Editora M

- Don Ignacio sale cada mañana a vender asaderos y chorizos para sobrevivir


Ciudad Juárez.- A las afueras de Smart Country, cada mañana aparece una imagen que refleja la realidad de cientos de adultos mayores y comerciantes ambulantes en Ciudad Juárez. 

Se trata de Don Ignacio Parra, un hombre de la tercera edad que, con una sonrisa y gran entusiasmo, instala diariamente su pequeño puesto de venta de asaderos y chorizos desde las 7:30 de la mañana.

Para Don Ignacio, este trabajo no es un pasatiempo ni un ingreso extra; es su único sustento. 

A pesar de las dificultades de salud que enfrenta, continúa saliendo a las calles con la esperanza de vender lo suficiente para cubrir sus gastos y seguir adelante.

Con voz tranquila, Don Ignacio comparte que hay días en los que no puede acudir a trabajar porque debe asistir al hospital para recibir tratamientos de hemodiálisis, una situación que vuelve todavía más complicada su rutina diaria. 

Sin embargo, cuando su salud se lo permite, vuelve al mismo lugar con actitud positiva y agradecimiento hacia quienes se acercan a comprarle o simplemente a saludarlo.

La historia de Don Ignacio ocurre en medio de un crecimiento del comercio informal en Ciudad Juárez. De acuerdo con datos de la Dirección de Regulación Comercial, el padrón de vendedores ambulantes pasó de aproximadamente 2 mil 200 a más de 3 mil 300 comerciantes durante el último año, lo que representa un incremento cercano al 50 por ciento.

Autoridades municipales atribuyen este aumento a la pérdida de empleos y a la necesidad económica de muchas familias juarenses.
A nivel nacional, la plataforma oficial Data México, basada en estadísticas de la Secretaría de Economía e INEGI, señala que en México existen alrededor de 805 mil vendedores ambulantes de alimentos, de los cuales el 98 por ciento trabaja en condiciones de informalidad laboral. 
El ingreso promedio mensual ronda apenas los 4 mil 500 pesos, reflejando la vulnerabilidad económica de quienes dependen del comercio en la vía pública.

La realidad de Don Ignacio representa la de muchos adultos mayores que, lejos de disfrutar un retiro digno, continúan trabajando para sobrevivir. Su caso también evidencia cómo la informalidad se ha convertido en una alternativa para personas que enfrentan enfermedad, desempleo o falta de oportunidades.

Quienes transitan por la zona de Tomás Fernández y ven a Don Ignacio pueden encontrar en su puesto no solamente alimentos para asar, sino también una historia de esfuerzo, dignidad y perseverancia que merece ser apoyada.