La Fuente Móvil

PEDRITO TOWERS

  • Por Editora Dai
PEDRITO TOWERS

Pedro Torres tiene el síndrome de su patroncito La Corraleja sin moraleja: se han creído periodistas toda la vida, sólo para demeritar tan noble profesión y siempre han despreciado a los y las periodistas críticos. Hay que recordar que Pedro Torres fue diputado en la primera parte del nefasto corralato en el cual insultó en innumerbales ocasiones a decenas de periodistas. En esta segunda temporada legislativa de Torres, ahora le tocó el turno al coordinador de Comunicación Social del Congreso, el siempre profesional Carlos González, quien fue insultado y forcejado por el morenista-corralista. Lleno de prepotencia y soberbia que desborda el marco de la civilidad institucional. Intentó minimizar la labor del vocero bajo la etiqueta despectiva de "un simple empleado", el legislador de Morena no solo traiciona el discurso de dignidad laboral e igualdad que su propio partido abandera de manera permanente, sino que exhibe un alarmante complejo de superioridad y locura. Esta actitud denota una alarmante incapacidad para manejar la frustración en momentos de alta tensión política, recurriendo al amago verbal y al jaloneo en lugar de mantener la estatura y la madurez que se le exigen a un auténtico representante popular en la tribuna del estado, lo cual Torres simplemente no es. Asimismo, la justificación o el silencio tras el incidente no hace más que profundizar la falta. Si bien la víctima del altercado optó por la prudencia institucional al matizar que la agresión no llegó a los golpes, la conducta de Torres Estrada constituye un claro acto de intimidación y un pésimo precedente para la relación entre el poder legislativo y quienes operan el día a día del Congreso.